8 de septiembre
En este día en que la Iglesia celebra la Vida Consagrada, compartimos nuestra oración por quienes, con generosidad y alegría, entregan su existencia al Señor en el servicio del Evangelio.
El Papa Francisco nos recordó que la vida consagrada está llamada a ser “memoria viva del modo de ser de Jesús” y a mantener encendida en el mundo la luz de la esperanza. Invitó a todos los consagrados a vivir con pasión, a despertar al mundo, a ser testigos de comunión y artesanos de misericordia. También señaló que la vida consagrada es un don para toda la Iglesia, porque hace visible la belleza de seguir a Cristo con corazón indiviso y la fuerza transformadora del amor fraterno.
Hoy damos gracias por cada consagrado y consagrada que, en silencio o en misión abierta, sostiene comunidades, acompaña familias, educa, sana, consuela y anuncia la Buena Noticia. Su presencia es signo del Reino que crece en medio de nosotros.
Gianelli decía: “Permanezcamos unidos. Busquemos, actuemos, persigamos lo que conocemos. La virtud unida es más fuerte. Una cuerda hecha de tres cabos difícilmente se rompe”.
Que María del Huerto, cuya Natividad celebramos en esta fecha, siga siendo Madre, guía y consuelo para todos los consagrados en especial para las Hijas de María Santísima del Huerto, y que su sí inspire nuevos corazones a responder a la llamada del Señor, en unidad, por la intercesión de San Antonio María Gianelli, “para llegar a un mismo sentir, a un mismo pensar, a un mismo querer y a un mismo obrar para la gloria de Dios y la difusión del Evangelio”( Carta de los Principios Gianellinos).
Movimiento Laical Gianellino- Huerto- Córdoba
Padre de Jesús y nuestro que por tu Divino Espíritu haces florecer la santidad en la Iglesia, te damos gracias por tu Beata María Crescencia que te amó con sencillez, y te rogamos que la glorifiques, para que su ejemplo e intercesión sirvan a la extensión de tu Reino y a la multiplicación de las vocaciones a la vida consagrada.
Concédenos, por su intermedio, la gracia que, con humildad, te imploramos. Por Jesucristo Nuestro Señor, Amén.
(Formular la petición y rezar un Padre Nuestro, Ave Maria y Gloria)
Corazón de Jesús por los sufrimientos de tu Divino Corazón, ten misericordia de nosotros.